¿Nuestra última carrera?
La fatiga de materiales del "business as usual"
Peligro de derrumbe
Tengo 42 años y mi actual empleo puede ser el último. Depende a quién le preguntes, suena muy bien, o muy mal. Y digo empleo y no trabajo porque aunque tendemos a usarlo como sinónimos, no son lo mismo.
El empleo como lo conocemos, tiene unos pocos siglos de existencia. Y durante ese tiempo ha sobrevivido gracias a la promesa de trabajar duro a cambio de estabilidad.
Con el paso de los años, esa promesa es cada vez menos rentable. Y cuando el empleo se vuelve frágil, no solo se nos desordena el presupuesto familiar, también la identidad.
El trabajo es algo más antiguo y profundo. Mucho antes de que existieran los departamentos de recursos humanos, ya nos organizábamos en torno a la actividad productiva.
Y en honor a la verdad, los seres humanos somos expertos en adaptarnos. Ya hemos salido airosos de otros fenómenos globales como la agricultura, la industrialización o la Macarena.
Si se dieron el trabajo (ja!) de revisar los links del inicio, habrán notado algo: tanto las visiones más catastrofistas sobre el futuro como el optimismo radical a lo Star Trek coinciden en una cosa: El cambio que viene, viene fuerte.
Hume decía que la creencia de que el sol saldrá mañana no se basa en la razón ni en la deducción, sino en el hábito. En otras palabras, unos pocos siglos de historia no garantizan nuestro lugar en el futuro.
Galopando hacia la obsolescencia
El 10 de diciembre de 1922 los bomberos Balgriffen, Danny Beg, Penrose Waterboy y Bucknell, hasta ese momento orgullosos miembros equinos de la Compañía de Bomberos de Nueva York, salieron raudos como siempre al llamado de la campana. Pero no iban rumbo a un incendio. Tiraron de su vieja bomba contra incendios hacia el ayuntamiento, donde los esperaba, junto a una ciudadanía agradecida que venía a despedirlos, un nuevo motor. Hicieron su última corrida sin saber que iban camino a su propia obsolescencia.
En 2026, varias fuerzas empujan cambios de paradigma en distintas direcciones y al mismo tiempo: la automatización, la inteligencia artificial y la concentración de capital, entre otras. Y a veces me siento como esos caballos corriendo hacia un futuro que no necesariamente cuenta conmigo.
Trabajo en Construcción es un espacio para pensar en voz alta. Con datos cuando haya, con intuición cuando no y siempre sospechando de cualquier explicación demasiado sencilla para un momento tan desordenado.
Es raro transitar el territorio difuso entre lo último de lo que hay y los primeros atisbos de lo que se viene, pero es el momento de dar un primer paso. Porque está claro que hay que moverse.

